A ARISTIO FUSCO Quinto Horacio Flacco El hombre recto y de conciencia pura no quiere arco, mauritanas armas, ni de saetas venenosas, Fusco, llena la aljaba, igual si cruza las ardientes Sirtes que si a lo hostil del Cáucaso se lanza, o a los países que el famoso Hidaspes plácido baña. Mientras inerme, en la Sabina selva, descuidado a mi Lálage cantaba, lejos ya de las lindes, me huyó un lobo, de hórrida traza. No le vio tal la belicosa Apulia en sus espesos bosques, ni la cálida tierra de Juba le crió, de fieras nodriza áspera. Ponme en la fría zona donde el árbol no se da nunca, ni estivales auras, confín del mundo en que el nublado cielo torvo amenaza, o ponme allí donde habitar impide el sol que ardiendo en su carroza pasa; siempre amare a mi Lálage que, dulce, sonríe y canta. Traducción de Bonifacio Chamorro / ODAS EPODOS, pág. 43 y 44 - Ed. Espasa Calpe |